La Paz de la Naturaleza

Este verano de nuevo, como tantas y tantas veces en mi vida, vuelvo a constatar que después de recorrer nuevos lugares , aprender de otras culturas y gentes, el lugar donde siento un PERTENECER  SERENA y en PAZ es en la pura Naturaleza. Y en particular las montañas.

A poder escoger, en parajes que me acompañan desde mi infancia y de herencias familiares : el Pirineo Aragonés .

Muy a menudo, casi sin darme cuenta, me encuentro adentrada en el corazón de  frondosos bosques que apenas dejan entrar a algún descarado rayo de luz que se cuela muy a pesar de las altas y tozudas barreras que con fuerza se expresan las ramas de los espesos y variados árboles de la sierra.

En silencio paseando, dando cada paso con atención y en contacto con mi respiración, cada vez más y más, el bosque me va hablando. Escucho las conversaciones y cantos entre pájaros y también, cómo las grandes rapaces canturrean con sus mochuelos  los mensajes de vida y vuelo.

 Con presencia  y respirando con  cada paso, dándome cuenta de mi pertenencia y enraizamiento en la tierra, alzo la mirada al horizonte y a rápida velocidad choca con altas, imponentes y austeras montañas. Me sobrecojo ante sus majestuosas alturas e  imponente grandeza frente a mi pequeña existencia de este inmenso Cosmos.

Con los pies en el suelo y la mirada en el cielo, dejo ir mi imaginación con las diferentes figuras que conforman las nubes. A veces me encuentro con con gran dinosaurio blanquecino que anda sobre el fondo del cielo azúl , otras con unas  señoras bailando grácilmente cogiéndose de sus mandiles,…. Ahí vuela mi imaginación…

 Si por el contrario, paro la mirada a corta distancia, como si de un zoom se tratara, a una pequeña flor, o mata de fresa salvaje, veo todos los pequeños detalles de ese diminuto microcosmos donde convive tanta hermosura que me deleita la vista y el olfato con los aromas de las flores, las húmedas maderas y frutas silvestres.

Sigo caminando y, atenta oigo el tintineo de algún  lejano riachuelo que conjuntamente con un pequeño vientecillo que con su soplo hace sonar a las hojitas de los arbustos y me ofrece un gran concierto de música de bajo bosque.

Si  por último, le añado el olfato a mi atención plena, cosa que me chifla, olfateo la hojarasca mojada del camino, los musgos y el olor a tierra húmeda…. Ummmm que maravilla…! Mi ser cada vez se encuentra mejor, más sereno, con menos conversaciones internas (“mi loro más callado”) que de no ser así, me secuestraría del gozar de ese maravilloso espectáculo que está siendo el vivir el “aquí y el ahora”  con gozo y paz.

 Es esta sabiduría de la naturaleza que me re-conecta con mi ser interior. Son lecciones que sin ninguna intención me dan todos los elementos que la componen: el agua, el aire, la tierra y el fuego (aunque este último en verano hay que cuidarlo y  que no sea caprichoso y travieso y nos haga esas tremendas jugadas que hemos tenido este verano). Aunque a decir verdad, no ha sido su propósito sino la i-responsabilidad  y mal intencionada mano del hombre, pues la naturaleza es más sabia…).

 La naturaleza nos re-conecta con lo que realmente somos y con nuestros ciclos vitales de los cuales no nos podemos escapar a pesar de los esfuerzos que queramos hacer por dominarlos: Y  por poner un simple ejemplo, querer comer fresas cuando no toca, en invierno….

En la naturaleza, nos sentimos bien porque no nos juzga, no nos cuestiona, nos acepta tal cuál somos, sin más. Nos encontramos sosegados bajo los árboles porque de ellos nos llega la constancia y paciencia año tras tras año y círculo tras círculo en su tronco nos indica su  crecimiento sin pretender ir más deprisa y aceptando las  inclemencias que el tiempo les ofrece. ¡Qué diferencia con nosotros….! que hemos perdido de vista la paciencia y la constancia. ¡Vivimos en una sociedad dónde se esperan los resultados de inmediato! y  siempre vamos con prisas, queriendo llegar antes sino los primeros, con velocidad en lugar de agilidad como  hacen nuestros amigos los animales cuando realmente necesitan  su sustento. ¡Qué diferencia con nosotros……!, siempre  corriendo y corriendo cada vez con más velocidad porque si no vamos rápido y acumulando, quizás parezca que no somos suficiente.  Estamos confundiendo el tener con el ser. Los animales y los vegetales nos muestran continuamente cómo SUFICIENTE es BASTANTE.

 ¿Para qué tener excedentes si estamos casi anestesiados con esa rapidez y esa velocidad para conseguir cada vez más si no estamos despiertos para disfrutar lo básico y estar con serenidad y en paz?

¿No será mejor disfrutar de la pequeñas grandes cosas que nos ofrece la vida cada día?  La respuesta a esta pregunta me la respondo afirmativamente cada vez que me re-conecto con la madre naturaleza.